Bueno, pues aquí estoy. Taipei. Es la primera vez que vengo, pero espero que no la última.
Antes, había estado en Tokyo y la verdad es que es difícil que me guste más Taipei. La gran ventaja aquí es que estoy con Jordi, quien ha vivido 8 años aquí, habla chino y conoce Taiwan como yo Bilbao. Así que, hace de guía inmejorable.
Ayer salimos a cenar: fuimos a un mercadillo de comida, donde miles de taiwaneses comían sentados entre pasillos y tenderetes. Una auténtica locura. Además, había comida de todo tipo; pescados, carnes, fritos, tepanyaki, salteados, sopas, cocidos, ahumados… la gente se movía de un tenderete a otro comiendo algo en cada uno. Nosotros cenamos tepanyaki. Con una plancha a tope delante nuestro, treinta y pico grados a las 9 de la noche, un ventilador cutre y un montón de camareros atentos que negociaban con Jordi, porque yo, evidentemente, no entendía nada.
Primero nos sacaron una sopa esquisita de huevo en tortilla y algas junto con un bol de arroz blanco. A medida que nuestros platos estaban preparados (lo de platos es una forma de llamarlo, porque no había) nos ponían la comida sobre un papel de aluminio que lo protegía ligeramente de la plancha. La forma de comerlo era sirviendo pequeñas raciones de los distintos platos que habíamos pedido, alternativamente sobre el arroz. Pedimos soja, creo que espinacas, pollo picante, pescado a la plancha y algo más. Estaba realmente delicioso. De postre: zumo de papaya con leche. Jordi se declaro adicto a ese batido, y después de probarlo, no me extraña.
Después fuimos a un mercado nocturno alucinante. Eran decenas de callejuelas estrechas en las que taiwaneses de todas las edades se movian como la marabunta. por el centro de los callejones, había miles de tenderetes, a pesar de no haber casi espacio, y alfombras al más puro estilo top manta, pero con todo tipo de artilugios. En determinado momento, se oyeron rumores y voces y todo empezó a moverse. Los puestecitos del centro del camino empezaron a plegarse como mariposas; los tenderos doblabano los tablones con un sistema de visagras y los enganchaban arriba. Después se llevaban los puestos en procesión por los callejones más estrechos de todos, en fila india y enganchados, pareciendo vagones de tren o procesiones de horugas. La policía se acercaba y no podían estar ahí. En unos minutos, dos scooters con sus respectivos conductores se habrieron paso entre la gente. Otros dos minutos después, las horugas salían de nuevon en procesión y la calle volvió a ser tan estrecha como al principio, con toda la parte central ocupada por puestitos.
Desgraciadamente no llevé la cámara. La experiencia fue genial, y una de las cosas que más gratamente me sorprendió fue lo guapas que son las taiwanesas. Realmente tenía un concepto muy erróneo de esta raza y ayer borré todos los prejuicios. Son impresionantes.
Hoy, me he levantado hecho un fiasco, por culpa del aire acondicionado del avión. Desayuno rápido en el buffet y de camino para las oficinas de Accton en Taipei.

Nos han recibido de forma muy cordial. Conference call, reunión sobre el interfaz web, brainstorming de configuración, selección del diseño, reflasheo de unidades, modificaciones en el firmware… cada tarea involucraba a gente distinta y hemos visto desfilar a muchos de ellos por la salita que nos han asignado.
Aquí podéis ver a algunos de los ingenieros de hardware observando cómo trabaja Félix:

Luego pondré más cosas sobre Taipei.