Llevo tiempo dándole vueltas al concepto de Identidad 2.0.
Para empezar estaría bien recordad como definió Dick Hardt la identidad en un discurso brillante en la O’Reilly Open Source Convention del año pasado
“[…]la identidad es lo que uno es pero también lo que otros digan que uno es”
El siguiente paso es definir la llamada Identidad 1.0, es decir, la identidad digital actual. La de nombre de usuario y contraseña, la que se construye alrededor de la empresa o más en general del servicio Web. Esa misma identidad es la que es difícilmente transferible, difícilmente verificable, la que lleva un proceso lento, la que supone una barrera de acceso, la que hace que cada servicio Web tenga mis datos. La Identidad 1.0 es un riesgo, es incómoda, lenta,…
En cambio, la Identidad 2.0, como concepto, es aquella cuyo centro está en el usuario, aquella que permite la movilidad, es además transparente y verificable.
La Identidad 2.0 es buena para el usuario porque el acceder a los servicios Web es más sencillo y rápido y es buena para el proveedor porque elimina una barrera de acceso y se minimiza el trabajo de la administración de identidades de sus usuarios.
Para que la incipiente Identidad 2.0. tenga éxito va a ser necesario (de forma muy general):
-Múltiples acreditadores que actúen todos bajo el mismo protocolo/estándares
-Que el que proveedor del servicio solo pueda acceder a los datos estrictamente necesarios
-Que el usuario pueda comprobar en todo momento quiénes accedieron y a qué información exactamente sobre su identidad
Esto es, sino se me olvida nada, lo que se puede considerar una base de mínimos. A partir de aquí podríamos aumentar. Existen conceptos muy interesantes a añadir como la identidad anónima basada en los conceptos de clave pública y privada pero aplicadas al Web 2.0
Parece necesario que la Web 2.0 se alimente de una Identidad 2.0 y viceversa. Se trata una vez más de acercar y hacer compatible lo digital a lo real en la mayor medida posible.